No me llames dolores: reflexiones sobre el dolor

Captura de pantalla 2015-11-01 a las 10.05.29Durante siglos se ha fracasado a la hora de englobar en una sola definición, la enorme complejidad y multitud de aspectos y variantes que presenta el dolor; todos sabemos perfectamente a qué nos referimos cuando hablamos de qué es el dolor y sin embargo no significa lo mismo para ninguno de nosotros.

La definición de dolor más ampliamente aceptada es sin lugar alguno la provista por la IASP, la cual, aunque se reconoce correcta y apropiada, contempla solamente sus aspectos sintomatológicos, por lo que se propone que esta definición actualmente reconocida del dolor sea modificada para que se lea así: Una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con una lesión presente o potencial o descrita en términos de la misma, y si persiste, sin remedio disponible para alterar su causa o manifestaciones, una enfermedad por si misma.

Se podría decir que el dolor es un sistema de alerta que utiliza nuestro cuerpo y nuestra mente para alertarnos de que debemos cambiar algo.

Es un mecanismo de defensa que nos obliga o nos invita a defendernos.
Conocemos el dolor desde nuestros primeros días de vida y éste nos acompaña, por suerte, no siempre de manera constante, en cada una de nuestras etapas. A veces nos cuesta describirlo o definirlo pero nadie lo reconoce como nosotros mismos y dada su subjetividad, la única medición posible es la afirmación del mismo por parte de quien lo siente o padece. Lo sufrimos, lo gritamos, lo callamos, lo encallamos, lo compartimos, lo ocultamos, lo combatimos, nos resignamos pero ¿Sabemos escuchar y trabajar nuestro dolor?

Aunque el dolor, obviamente, se tiñe de connotaciones negativas, debemos aprender a utilizar esta alerta que nuestro cuerpo nos brinda para contarnos que algo no va bien y actuar de la manera más eficiente posible.

El dolor puede incapacitar pero siempre habrá una alternativa, una manera distinta de hacer las cosas que nos permita obtener los mismos resultados o lo más parecidos posible a los que teníamos antes de que apareciese éste.
Si el dolor nos incapacita para hacer algo, nosotros debemos capacitarnos para hacer lo mismo de manera distinta.
El ser humano va cambiando a lo largo de su vida y esos cambios exigen que nos readaptemos a nuestro entorno físico, a los seres que nos rodean , incluso, a nosotros mismos.
Debemos saber escuchar nuestro dolor, combatirlo si viene para irse y respetarlo si ha de quedarse pero siempre demostrarle que si quiere llamarse problema, nosotros siempre lo apellidaremos solución.

BIBLIOGRAFIA
• Definición y clasificación del dolor. Fco López Timoneda. http://revistas.ucm.es/index.php/CLUR/article/viewFile/CLUR9596110049A/1479ION
• Revista Sociedad Española del Dolor. V13.Nº2. http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1134-80462006000200001

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