XXVI Congreso Asociación Andaluza del Dolor y Asistencia Continuada

Por definición un congreso es una reunión periódica en la cual los miembros de una asociación, organismo, o profesión debaten cuestiones previamente fijadas. Pero desde la Asociación Andaluza del Dolor, y a través de los veinticinco congresos que preceden a este, hemos conseguido que nuestro Congreso de Dolor cumpla, no solamente una evidente e innegable función científica, sino que cubra también una importante finalidad social que es una responsabilidad ineludible para las sociedades científico-profesionales frente a sus miembros.

Desde esta doble vertiente de lo que debe ser nuestro Congreso, comunicación de las últimas novedades científicas en el tratamiento, fisiopatología y diagnóstico del dolor y desde el encuentro con compañeros de otras ciudades, de otras especialidades y de otras instituciones, mi deseo es que se superen las fronteras, se acorten distancias, se renueven lazos de aprecio y se estimule la vocación por nuestra especialidad, área de capacitación y conocimiento.

Bienvenidos por tanto a Granada, “agua oculta que llora” en acertada definición de Manuel Machado, a este XXVI Congreso de la Asociación Andaluza del Dolor. Congreso que tendrá un aliciente extra cómo será la conmemoración del vigesimoquinto aniversario de la fundación de nuestra asociación.

Un Congreso que hemos pretendido sea, innovador, integrador y participativo. Innovador porque hemos querido acercaros los últimos avances y aportaciones en el mundo del dolor; participativo porque queremos que todos nuestros socios de una forma activa participen de estas apasionadas jornadas que vamos a vivir en la ciudad de la Alhambra; e integrador porque hemos procurado que otras especialidades, rehabilitación, traumatología, psicología…tengan cabida en las ponencias y podamos conocer el dolor desde todas las perspectivas y opiniones.

Al atractivo del programa científico y social se le suma, indudablemente, la belleza incontenible de esta maravillosa tierra andaluza, expresada por Miguel de Unamuno con estas apasionadas palabras: “Las lágrimas me subían a los ojos, y no eran lágrimas de pesar ni de alegría, eran de plenitud de vida silenciosa y oculta por estar en Granada”.

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